UNA NOCHE

Una brisa de aire  castellano,
recorre la planicie castellana
acariciando los campos de trigo
llenando de su aroma
el ambiente de la habitación.
La luna llena se mecía
en la noche castellana
de aquel mes de agosto.
Una fiebre de pasión
les inundaba el alma.
Sus cuerpos desnudos
yacían inmóviles
sobre la cama,
ansiando el momento esperado.
Comenzaron a besarse,
acariciando sus labios
usando sus dedos,
como suaves pinceles,
pintando un lienzo
de suaves texturas.
Se perdieron
en extraños sentimientos,
de amor,
pasión,
ternura,
placer.
Todos ellos confluyeron
en un solo lugar,
en un solo momento.
Ese momento,
en el cual dos cuerpos
se funden en uno solo.
Se deseaban,
se pedían más.
El ruido de la noche castellana
se mezclaban con leves
gemidos de ella y de él,
respiraciones aceleradas.
El ambiente de la habitación
se colmaba de aromas,
suaves,
profundos,
inconfundibles.
Aromas de dos personas
maduras amándose.
Bajo la luz de la luna castellana

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