ABUELA

Tu abuela,
que contemplas
el crepúsculo
de este otoño,
con mudado anhelo
crees reconocer
las sombras de
este pequeño cuerpo
en el ángelus, de
esta tarde de otoño.
Que ilusión, abuela,
poder contemplar
tus ojos esmeralda.
Con mis manitas
recogeré el diamante
de tu lagrima.
 
Tu abuela,
contempla los crepúsculos,
en una fría noche de invierno
yo llegare al edén
de tus deseos,
para que me acurruques
en tu suave regazo, y
tus ojos esmeralda
cantaran una nana.
Tu abuela

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