Arrepentimiento

“Hoy te brindo todas y cada una de mis sonrisas y de mis lágrimas, por este sentimiento que siento Nicolás. Así como te muestro este dolor que está des-garrando mi corazón y la alegría que guardo en mi alma, también quiero mostrarte la soledad de mis amaneceres y los ocasos que tiene el día a día de tu ausencia, te muestro toda mi debilidad y mi fortuna, a cambio de volver a estar ente tus brazos. Para entregarte todo lo que mi mirada puede alcanzar a detectar, mis éxitos y mis frustraciones, mis recuerdos mas preciados y también los que me hacen llorar. Quiero entregarte las ilusiones de un futuro que, que no tienen ningún sentido si no las puedo compartir. Por eso hoy estoy plasmando estas pa-labras escritas, que son mis sentimientos, con la esperanza de que un día querido Nicolás las puedas leer, para que entiendas lo que siento en este memento de tu ausencia, en que la distancia no es mas que un simple obstáculo.
Nicolás tengo que reconocerte, y siendo sincera, que a lo largo de esta relación nuestra, que ya dura mas de una década, este sentimiento no siempre ha sido el mismo. Al principio, era rabia, resentimiento, desazón, disgusto, pesadumbre, envueltas en papel crepe de fingidos sentimientos y simulada pasión, de fingir alegría o tristeza, de simular que has dormido bien, movida por una sed de irracional venganza. Lo reconozco…, me equivoque, pero eso fue antes, de atreverme a cruzar esa línea roja, que tan burdamente me había antepuesto cuando decidí dar el primer paso para conocer, aunque ya te conocía de antes, pues formabas parte de mi vida sin estar presente, al que había sido el mejor amigo del que fue mi primer marido, al padre de mi hijo, esa línea roja que me propuse no cruzar no era otra que la de enamorarme de ti. Pues bien, el tiempo, ese que todo lo cambia, me ha demostrado lo equivocada que estaba, pues el es-tar a tú lado Nicolás es lo mas maravilloso que una mujer puede desear, porque tú me enseñaste a amar y a ser amada.
Por eso ahora, hoy 7 de marzo de 2012, y después de todo este tiempo transcurrido a tu lado, donde he aprendido que el odio solo nos puede conducir a la silenciosa amargura, te quiero brindar mis manos, para que mis alargados dedos de pianista, corretean por la planicie de tu piel, acariciándolo suavemente. Te ofrezco mis gozos y mis decepciones, mi canto y mi silencio; también te ofrezco mis pensamientos y mis reacciones, mi lógica, mi sensatez y mis absurdos, mi resplandor y mi oscuridad. Te entrego mis abrazos y mi ternura, mi soberbia y mi orgullo; mi timidez y mi seguridad, esa que tú me has dado, ante el mundo. También mi madurez y mi inocencia.
Y por supuesto te entrego mi infancia y mi sazón de mujer madura, y con ellos mis pies descalzos, esos que a ti tanto te gusta masajear en las grises tarde de invierno mientras correteo somnolienta entre corcheas y semi-corcheas de mi despertar; mi cuerpo desnudo, ese que miras de soslayo cuando estoy en la ducha y que dibujas por la noche con tu mirada antes de quedarme dormida sobre tu pecho.
Nicolás amor mío, te lo ofrezco todo mi amor. Pero antes permite que te pida perdón por mi incomprensión; por haberte mentido la primera vez que te conocí, por mi orgullo de mujer herida, por mi ego mal entendido; por el tiempo de estar fingiendo, y por ese otro en que solo de pensar en fingir me dolía el co-razón, por esos absurdos miedos a perderte para siempre. Porque, durante estos meses, me he dado cuenta que no puedo ser feliz si tu no vas a estar a mi lado, por eso que nadie me pida jamás que renuncie a ti, porque me faltaría la mitad de mi vida, esa que tienes tú, Nicolás.
Hasta ahora no me había dado cuenta de lo que he perdido, por mi egoísmo.”

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