LA AMAZONA

Un blanco corcel, majestuoso,
con su trote ligero
inca sus firmes patas
en la esponjosa huerta.
Sobre su lomo
cabalga una amazona,
con mano firme,
con sutil firmeza,
quien con sapiencia guía
al bravo corcel blanco.
Cabalga la amazona,
Sunsaneta,
por la mullida huerta
llena de color,
empapándose del aroma
de sus alcachofas,
de sus berenjenas,
de sus bachoquetas,
cabalga la amazona
Sunsaneta.
Oteando el horizonte de la huerta,
con sus surcos, ni rectos,
ni curvos,
solo ondulados,
como la rebelde agua
de la acequia empapa la huerta.
El blanco corcel
con su trote ligero
sigue las indicaciones
de la amazona,
Sunsaneta,
no utiliza la fusta,
no lo necesita
el lo sabe,
ella lo sabe,
solo el ligero tamborilero
de sus dedos sobre el cuello
del blanco corcel,
es suficiente para
que el corcel comprenda
a la amazona
Sunsaneta.
Cabalga la amazona,
Sunsaneta,
a lomos de su corcel blanco
cortando el viento,
aquí de Levante,
allí de Poniente,
queriendo llegar
al encuentro de sus amores
que corretean
entre el jardín de su alquería.
 
En el amanecer
de un nuevo día
espera a la amazona
Sunsaneta,
a lomos de su corcel blanco
mientras el agua
de la albufera
inunda la huerta,
para por última vez
cabalgar a trote ligero
sobre las aguas,
perdiéndose
con su corcel blanco
en el horizonte
de la albufera.
 

Caballo andaluz mostrando el paso español. IMAGEN DE WIKIPEDIA

 

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