LA BAUTA DEL ZENDALE

“No confíes tu secreto ni al más íntimo amigo;
no podrás pedirle discreción si tú mismo no la has tenido”.
Ludwig van Beethoven
 
 

El leve sonido de “soprano coloratura” de la voz de Mariola recorre el elíptico canal auditivo de mis oídos, haciendo que me vuelva instintivamente hacia ella, con gesto cariacontecido

–¿En qué estás pensando?

–En nada.

–Nada, puede ser todo.

–Nada es nada… Solo trato de frenar el caballo desbocado de mis recuerdos.

–Algo que se me antoja un tanto difícil. Porque los recuerdos siempre terminan regresando.

–Los recuerdos no son más que el simple certificado de una realidad pasada. Porque el futuro no los tiene y en el presente son simples proyectos agotados del pasado.

–Sí, pero ese certificado no lo puedes archivar en el último cajón de tu archivador, para contemplarlo cuando a ti te apetezca. Siempre los tendrás sobre tu mesa, para que los veas cada vez que te sientes frente a ella.

–No opino lo mismo. Los recuerdos solo son de uno mismo, los puedes compartir pero no transferir, a los que puedes regresar cuanto te plazca para cerciorarte de la realidad de ese momento en el instante de otro momento… Lo único que nos queda registrado en nuestra memoria, de ese momento es un simple recuerdo.

–Los recuerdos me atormentan.

–¿No exageras?… También tendrás en tu memoria recuerdos, que te harán sonreír o reír abiertamente.

Mariola hace un mohín con su boca mientras apura el último trago de su vaso. Se pone en pie diciendo:

–Me voy a poner otra copa. ¿Tú quieres?

–Bueno. Mejor será que te traigas la botella. Quiero emborracharme. A ver si así conseguimos olvidarnos de todo.

–Como si esa fuese la mejor solución. Te advierto que con ello solo conseguiremos un terrible dolor de cabeza.

–A mí me va a estallar en cualquier momento de todas formas.

De espaldas a la ventana, apoyando mi espalda levemente sobre ella, apuro el último sorbo de mi copa mientras, de soslayo, por primera vez desde que nos hemos visto esta tarde, contemplo los movimientos del cuerpo de Mariola, perezosos, cansinos, cimbreantes, sin pretender serlos, pero precisos, su corto vestido acentúa el contoneo de sus bien formadas caderas. Me recuerda a la mujer a la que no hace mucho yo dibujé con mis dedos el contorno de su figura.

Parece Letizia misma. Menuda sin ser menuda, gruesa sin serlo para nada, con las líneas curvas de mujer perfectamente definidas, con las formas precisas para una mujer Eva-Venus. Que se está acercando a los cincuenta, y que aparenta diez años menos de los que en realidad tiene. Se nota que se cuida. Unas largas piernas, bien proporcionadas, de carnes prietas, camufladas bajo unos pantis color carne, que nacen en sus pies descalzos avanzando desde sus finos tobillos en línea recta por sus contorneados muslos, hasta abrazar su culo redondeado y firme, mostrando su silueta bajo su falda de lino blanco, que le llega un palmo por encima de sus rodillas, notándosele bajo esta la marca del tanga de encajes. Mostrándome el tenue moreno color canela de sus finos muslos carnosos, con sus nerviosos movimientos, que traen por un instante fugaz a mi memoria, sugerentes recuerdos no vividos. Pues los vividos, a mi pesar, hoy estoy comprobando que han sido la realidad del melodrama de una doble vida, en la que yo solo he sido un simple actor figurante.

Ese laberinto de imperfectas perfecciones que es el alma femenina, capaz de tejer la tela de araña donde quedas atrapado, te fascina con su misterio. Con el tiempo llegas a descubrir, que la mujer es un ángel indefinible.

Siento rabia ante la imponente realidad por la que últimamente durante estos últimos años he transitado; existencia que he vivido, por lo visto, sin ser plenamente consciente de ella, aceptándola como si fuera la verdadera realidad…

Es posible que llevar una doble vida sea excitante, yo no lo sé, porque no he sentido la necesidad de usarla. Seguramente, para ello, necesites continuas descargas de adrenalina para tener que mantenerte en estado de alerta, para no tener que romper la ficción de esa realidad, ya que es muy posible que un descuido pueda generar un torrente de venganzas o traiciones, poniendo patas arriba la ficticia realidad.

Ese estado de permanente tensión continuada puede producir una excitante emoción, es posible que un descontrolado descuido produzca que la puerta de ese armario en el que escondes esa realidad se abra dejando caer al muerto que en él ocultas, en medio del escenario por donde transitan los actores secundarios y figurantes de tu otra realidad, ajenos a tu realidad ficticia. Lo que hará que tengas que dar unas explicaciones de las que a buen seguro careces, entonces aparecerán las dulces lágrimas de beatas y clérigos arrepentidos, tratando de esconder tras ellas el adulterio de una realidad ficticia…

–La impostura, la simulación, son fascinantes. ¿Era o no era? Es un juego irreal. Pues, poniendo todo en la balanza de lo exacto, esta nunca se decanta de un lado o del otro, ya que si la tocas levemente esta vuelve otra vez a su estado original, como una muñeca Rusa, –le susurro a la figura reflejada en el ovalado cristal de la copa.

–¿Decías algo Nicolás?

–No, nada. Pensaba en voz alta.

–Hay quien dice que aceptar las decepciones es la antesala de la sabiduría.

–No me sirve de consuelo. Uno puede ser muy sabio y vivir en la mas absoluta ignorancia.

–Pero el conocer la realidad quizás nos ayude a comprender.

–Ahora mismo mi realidad está atrapada en el triángulo equilátero formado por el amor, el odio, y la venganza, en cuyo interior solo hay dolor, angustia, decepción, repulsión, odio, aborrecimiento…

  1. Muy bueno y en especial me gusto la cita que encabeza en texto.
    Te dejo otra cita en un susurro
    Es del libro “EL ARTE DE LA GUERRA, TZUN TZU” si no lo conoces, te recomiendo leerlo
    En su capitulo 3. dice
    “Es mejor conservar a un enemigo intacto que destruirlo”
    Dirás que tiene que ver, pues que normalmente, cuando un amigo tiene información que quizás quiera, pueda utilizar, tal vez no salga bien parado” Esa es la explicación que dice en el anexo.
    Es fácil de conseguir, ameno de leer y una fuente de sabiduría, a ti que te gusta leer como a mi.
    Besos! que ya me extendí.