PAPEL MUERTO

Mis versos escribo en papel;

árbol muerto, mudo y blanco

que en otro tiempo vida latió,

no obstante…

los versos de este agonizante poeta

palpitan en la noche de su ensueño,

mientras en el parque de la memoria

las estrofas se alinean

para contar su historia.

Sentado en mi escritorio

rodeado de papiros

de misterio y sueños,

contemplo el horizonte blanco

que ante mí se expande

y me imagino

un río de agua plateada

que me transmite sosiego

y al mismo tiempo miedo

a que los trazos oscuros de mi pluma

adquieran el sentido

que mi conciencia quiere,

dibujando las palabras

de un rostro sin nombre,

de una causa sin líder.

Apareciendo y desapareciendo

entre el agua plateada,

el cielo de mi memoria

y la superficie blanca,

donde las estrofas

forman las columnas

ordenadas

de mis versos,

que cuentan una historia

del pasado presente,

donde el mundo opina,

que se proyecta en el futuro.

Quisiera que la azada de mi pluma,

trazase surcos alineados

con la profundidad justa,

de un avezado agricultor,

en el blanco campo de barbecho

para plantar las semillas escogidas

de mis palabras,

de mis giros gramaticales,

de mis sinónimos  y antónimos,

para que creciese con fuerza

las algodonosas estrofas de mis versos,

regadas con el agua cristalina

de la acequia de mi conciencia,

abonadas con sentimiento

y así el recolector de la cosecha

se embriagase con la fragancia

de mi cosecha

en el blanco campo de barbecho.

Mis dedos trémolos transitan,

por el árbol muerto, mudo y blanco

paseando su ansiedad;

dubitativo me estremezca

al acariciar la blanca superficie,

como si estuviese

profanando la tumba de un muerto,

como si Dios rasgase

el Zendale de mi pasado.

Este soy yo,

un agónico poeta

que sus versos rubrica

en papel blanco.

Mis versos escribo en papel;

árbol muerto, mudo y blanco,

para que el amanecer

del nuevo día,

con el orvalló de la noche

florezcan en este mundo

desordenado e hipócrita

donde la razón del ego

es lo que importa,

para que vean que la poesía

no es el arte, ni el sueño

de unos pocos,

ni una simple flor solitaria

en el campo de la gramática,

en la rima de la literatura,

que es la semilla

del sentimiento

de un aprendiz de escritor,

de un nigromante de la palabra,

que labra el campo de la razón

de lo que ve y siente

fantaseando

con la pluma de la vida.

 

Pippo Bunorrotri.

 

 

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