AÑORANZA

La añoranza es una melodía

en las cinco líneas horizontales

del blanco pentagrama de la sinfonía

de un compositor vació

sin memoria ni recuerdo,

que aparece de la nada

trayendo el quebranto

de la ausencia,

atenazando el corazón

derrotando al alma,

convirtiendo

en llanto y sollozos

el recuerdo.

 

Camina hacia los zumbidos

que se fueron en el velero

de un día de tormenta.

 

Camina hacia aquellos parques

que le enseñaron

los besos robados.

 

Camina hacia aquellas tardes de espera

en las que escribía las estrofas

de unos versos sentidos en la memoria,

y que nunca se atrevió a recitar.

 

A lomos del pensamiento

emprende un largo viaje

de regreso en el tiempo

con el eco distante en la galerna

del atardecer, de las campanas

de un campanario entre tinieblas

que marcan los tiempos

de esa amargura

que golpea la memoria

como si la vida fuese una novela

donde el fin de su historia

solo es la evocación

de un espejismo.

 

Camina pesaroso,

cabizbajo y pensativo

empelando la indiferencia,

meditando cada paso,

esos que ignoras

cuando la vida te persigue;

esconde la mirada

bajó los adoquines que pisa

porque tiene miedo

de abrir la puerta

del mañana.

 

El tiempo es esa partitura

que los años escriben

en el cuaderno de los días

donde el azar interpreta el destino

en el pestañeo del viento

y la añoranza es una de sus melodías,

convirtiéndote

en su compositor vació.

 

Pippo Bunorrotri.

 

4 Comments

A %d blogueros les gusta esto: