ATARDECER DE NIETO Y ABUELO

Ven a mí, tierno infante de cuna

a mi pecho amoroso

de timorato abuelo,

esconde tus penas

en mis suspiros

y tus tristezas

en la fuente

de mis lagrimas.

 

Hunde la tierna mirada

de tus ojos bulliciosos

en mi mirada

de añoso cansado

de mirar en el horizonte

lo que la vida deja.

 

Cuando el calor

de tu delicado cuerpo

acaricia mis arrugadas manos,

siento como el placer

recorre mi cuerpo

de orgulloso abuelo.

 

En ese arrumaco,

de nieto y abuelo,

 me parece ver

aquel rostro de niño,

de un pasado lejano,

que con su mirada, como la tuya,

miraba su futuro

con curiosidad y cálido deseo.

 

En el abrazo de esos cuerpos

separados por el tiempo,

unidos por el sentimiento,

tiemblo de pies a cabeza

porque una fría brisa asoma

en esa inocente cabe-cita

que un día comprobara

que el futuro es un amargo deseo

donde la curiosidad se quemara

convirtiéndose en cenizas,

quedándose en los recuerdos divididos

en el atardecer de una caricias

entre nieto y abuelo.

 

Qué hermoso atardecer

entre nieto y abuelo

que en sus miradas

ven pasar las nubes

donde dibujan

esos momentos de susurros,

 de secretos compartidos,

que un día lejano

en el tibio recuerdo

de un anochecer

se evocara

este instante dichoso

en el regazo del abuelo.

 

Pippo Bunorrotri.

 

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