CIEGO Y SORDO CAMINA EL TIEMPO

¡Tiempo!, ciego y sordo caminas

que en el placer inmundo

de tu insaciable espacio

te emborrachas con el vino

de los días que pasan

por este mundo

de segundos.

 

Tú, que como mujer impura

callejeas en la penumbra

de este universo concreto,

con tus perversos encantos

ofreciendo a la vida

en el palenque de los días

un juego de caballeros y lacayos

donde devoran los instantes

de ese poder que les otorgas

y que jamás alcanzan

quedándose simplemente

en señores de su tiempo.

 

Jamás te miras a un espejo

porque tienes miedo de su reflejo,

ese que muestra tu rostro

sin figura, con sonrisa pabilo

 y con mirada difusa

donde lo viejo se disfraza de nuevo

y lo nuevo siempre parece viejo.

 

Tiempo, ciego y sordo caminas

en la ufana grandeza

de tu naturaleza

repitiendo los pecados

con los que naciste

sin arrepentimiento

porque crees que es engaño.

 

Extraña deidad

es el sino de tu bulevar

que en el amanecer sombras

 te persiguen por doquier,

indagando su espacio

y en la negra noche

tú eres una sombra

que camina erguida

robando la calma

de unas figuras que sueñan

con que tú te detengas

para ver lo que has perdido.

 

Tiempo, que expones y gritas

la sublime grandeza

de tu eventualidad etérea

en el frió fango

de un universo sublime

donde la naturaleza y el hombre

ansían el misterio de tu boca

donde el amor

es un deseo

y la tristeza

una caravana

de hastió.

 

 

Pippo Bunorrotri.

 

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