DOS CUERPOS DESNUDOS

En el crepúsculo de la noche

dos cuerpos desnudos –el tuyo y el mio-

se dibujan en la penumbra de la luna,

mientras esta escribe versos

en el viento de la noche.

 

Tus brazos envuelven mi cuerpo,

mis manos inquisitivas

esbozan los pliegues del tuyo,

las tuyas pacientes

juegan a esconderse

entre caricias.

 

Tus cabellos fantasean

con el enigma de mi rostro,

entretanto

nuestras bocas inquietas

buscan ese beso sin fin…

ese beso eterno.

 

Nuestras palabras se entrelazan

bailando un vals desvelado

en nuestras mirada borbote-ante

que brotan como lava ardiente

del volcán encendido del alma,

mientras nuestros corazones vuelan

en el viento de la dicha.

 

Trémulos nuestros cuerpos

se zarandean arrebatados

en el espigón de la pasión

saboreando el deseo

del delirio de un sueño.

 

Con pasos lentos y decididos

mis brazos acunan tu cuerpo,

alzado sobre el mio,

llenando de suaves besos

y caricias anticipadas

ese segundo perpetuo

en que se desvanece el tiempo.

 

En el vació del silencio,

se escuchan

los primeros suspiros

que se tornan

quejidos de placer

de dos cuerpos desnudos

que arden de pasión.

 

Muestras manos deambulan

por la fría efigie de nuestro cuerpo

como sonámbulas de un sueño

acoplándose a las caricias

sutiles y sentidas

de unos corazones

afligidos.

 

Mis labios se separan de su boca

con dulce pesar,

y mis manos comienzan

un viaje húmedo

por el mapa escultural

de su cuerpo encendido.

Ella con las suyas

acarra con fuerza mi cabeza

pegándola a su pecho

empujándola con suavidad

hacia su deseo.

 

Mi boca se entretiene humedeciendo

sus prietos pechos palpitantes

y mi lengua juguetea

con sus redondos pezones

erectos y calientes,

mientras ella marca mi espalda

con sus uñas cortantes.

 

Levanto el rostro,

buscando el aire que me falta

y mi boca se encuentra con la suya

murmurando anhelo,

besándola con desesperación,

dejo su boca lamiendo su cuello

y mis labios muerden el lóbulo de su oreja

sintiendo como ella tirita bajo mi cuerpo.

 

Sus manos aprietan con fuerza mis nalgas

y en un movimiento acompasado

rodamos sobre la cama

quedando atrapados frente a frente,

sus manos se deslizan sobre mi vientre

y las mías atrapan sus pechos

masajeándolos suavemente.

 

Nuestras manos se encuentran

en una pirueta de nuestro vals del deseo,

muestras manos derechas

comienzan un viaje hasta llegar al bajo vientre,

la mía se pierde en el bosque del monte de venus,

la suya se agarra al tótem erecto y ardiente,

mientras las izquierdas persiguen la sombra

de nuestros rostros sofocantes.

 

Sus gemidos y mis suspiros de deseo,

van en aumento,

nuestros cuerpos forman líneas eclécticas

al sentir los fríos dedos

deslizarse arriba y abajo,

y en la hendidura mojada

de su monte de venus.

 

Ella entre-abre las piernas, lo justo,

para que mis dedos se adentren

en la falla de la excitación

de una manera lenta y sinuosa

haciendo que ese punto,

donde el deseo se hincha y se calienta,

sintiendo en la yema de los dedos

que entra y sale de ella,

entregándose al placer.

 

Abandono el monte de venus humedecido

con un apaisado beso de mi boca

alzando la vista para admirar,

en ese segundo de transición divina,

el rostro de la mujer amada

que de placer se conmociona.

 

Sus ojos cerrados,

queriendo atrapar el tiempo,

murmurando suspiros cortos,

su cuerpo empapado

por el sudor

de dos cuerpos enredados

en la pasión de dos.

 

Entre suspiro y suspiro

abre sus piernas

entregando su deseo.

 

Me acoplo en medio de ellas

y ella coge el tótem de mi falo erecto

colocando en la entrada de su hendidura

y me adentro lentamente,

como si no hubiera un mañana,

en la falla de su deseo

hasta llegar al fondo

de su volcán en erupción.

 

Ella lo recibe con un largo grito

entrecruzando las piernas en mi espalda,

fundiéndonos en un adiós

con rítmicos movimientos

que aumentan en cada suspiro,

mientras nuestras bocas devoran gemidos

de pasión, de sublime placer.

 

La habitación se arropa

en suspiros y gritos

de dos cuerpos desnudos,

fundidos en uno,

llenándose de deleite,

bebiendo la miel deseada,

mientras la luna sonríe

escondiendo el secreto

de dos cuerpos desnudos.

 

Pippo Bunorrotri.

 

 

 

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