EL LAMENTO DE LA ENAMORADA

Las nubes se tropiezan

en el horizonte plomizo,

la mar ruge su desconcierto,

la enamorada se sienta

en el espigón del puerto

con su triste silencio.

 

A sus pies desnudos

las olas rompen con rabia

mientras ella suspira

a la noche que oscurece

y se lamenta en el llanto

de sus anegados ojos.

 

Su corazón está apagado,

su deseo agotado

y su ilusión se diluyó

en las lagrimas de despedida

dejando la esperanza amortajada.

 

Ha vivido,

ha amado

y saboreado la dicha

del amor desaforado,

y ahora solo le queda

la tierna fantasía

del recuerdo.

 

Estéril es su dolor

Como estériles son

las lagrimas derramadas,

pues los muertos

no recuerdan sus sueños.

 

Su pena puede calmar

ante las olas batientes del mar

y con su rugido infundir ilusión,

pues ellas rompen y se van

en busca de otro espigón

donde dejar las penas

las penas de su nueva desesperanza.

 

Por eso ahora

que el amor no es condena,

ni sus placeres pena,

solo recuerdos del ayer,

grítale al silencio

tu nuevo deseo.

 

Aunque…

estéril sea tu dolor.

 

Aunque…

estéril sean las lagrimas derramadas.

 

Aunque…

los muertos sus sueños no recuerden.

 

Ningún remedio es suficiente

para el corazón abandonado

pues en este solo hay

tragedia y tortura.

 

Pippo Bunorrotri.

 

 

 

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