EL MUSEO DE LA VIDA

En el museo de la vida

contemplamos su naturaleza

en la crónica de su memoria,

la mirada del hombre

recorre sus calles,

con pasos indiferentes,

con súbitos rostros,

con ojos familiares,

con palabras impulsivas

en el misterio de sus salas.

 

Los largos y puntillosos ecos

de sus sigilos amartillados,

se confunden en su penumbra

con el murmullo furtivo

de su tenebroso sonido

que desdice la unidad

que un museo representa

con sus colores, sus aromas

y con sus palabras omitidas

que deforman su actualidad.

 

Hay momentos para el olvido,

hay instante que se quedan en recuerdo,

hay horas que borrar querrías en el tiempo,

hay días que querrás no haber nacido,

y esta ese tiempo, en que

la avaricia y la codicia

todo lo corrompe

por tener un retrato enmarcado

en una sala del museo, que muestre

 lo que le importabas a la vida.

 

En el museo de la vida

los sonidos te transportan

en un viaje sin retorno,

los aromas te cautivan

y te emborrachan de pasiones,

los colores te animan

a descubrir los deseos,

y los tres componen

la misteriosa sinfonía

del alma de los sentidos.

 

Pippo Bunorrotri.

 

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