LAS NOTAS DE LA ABUELA

Como naranjos en flor

era el aroma

del chorro de su voz,

en el transparente río de su alma,

y en el pentagrama de su vida

las notas se amoldaban;

el Sol de una buena mañana,

el Fa de un hasta luego,

el Mi de un como estas,

el Re de un después,

y el Do de un hasta mañana,

eran la ilusión de su melodía.

 

El chorro de su voz

se apago,

y las notas de su vida

se fueron.

 

El pentagrama se perdió

en la bruma

de una tarde de verano,

astillándose las semicorcheas

de la melodía de su vida,

arañando los últimos suspiros

del aroma de su voz,

donde las fusas

y semidifusas

se ennegrecieron.

 

Vanos fueron los murmullos

de la platea,

que esperaban

que el naranjo en flor,

de su voz

embriagara sus sueños.

 

Ella, aquella brumosa tarde de verano

se convirtió

en polvo del recuerdo.

 

“Dedicado a la “yaya” Asunción, que vivió adelantada a su tiempo, y como quiso, en el pentagrama de su vida siempre había alegría y una palabra de esperanza y optimismo, y en su espontanea poesía dejaba le sabiduría de la mujer llana, sincera y cordial de la mujer del Mediterráneo y sobre todo de la huerta valenciana.”

 

Pippo Bunorrotri.

 

 

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