NOSTALGIA

En estos días de diciembre,

que liquidan el año que empezó,

vuelve la memoria, allí,

donde la niñez

se fraguo.

 

Vuelve a aquel lugar,

la memoria animada,

que añora,

donde las amapolas

marcaban el sendero

de unos vacilantes y zoques,

primeros pasos,

que no vuelven

pues se los llevo

el agua del río del pasado.

 

Donde antes había alegría,

fuego, pasión, deseo,

hoy son casas vacías

memoria de otras vidas

donde el tiempo corría.

 

Vuelve la memoria a la montaña,

donde las raíces de los abedules

cuentan las leyendas del tiempo,

donde el agua de la fuente,

del peñasco quebrado,

corre hasta el sinuoso río

en que los pies de un infante

chapeaban con las truchas

mientras la fría agua silbaba al silencio

 

Regresa allí, donde el silencio

trina entre los chopos,

donde los pájaros

cantan al acebo,

desde la zarzamora

y los lirios crecen libres

en los verdes campos

y el orvallo del amanecer

pinta el musgo de colores

y la sombra de los almendros.

 

Regresan las lagrimas

a los surcos de un rostro,

quemado por los tizones de las horas,

por la añoranza de aquellos días

en las eras donde la manos

contaban espigas

y las penas no sabían

detener el tiempo

ya que lo clavaba

en la piedra de la invocación.

 

Nada ha sido igual

desde que cambio;

las golondrinas, los vencejos,

los pardales…

las montañas, las brañas…

las noches frías,

el crepitar del fuego,

por las ubres pródigas del asfalto

desabrochando

noches, pasiones y futuro…

 

Han pasado los años

y en el campanario

de la conciencia

sigue aquella cigüeña

de la infancia

oteando el horizonte

de los recuerdos.

 

Pippo Bunorrotri.

 

 

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