RECUERDAME

Recuérdame cuando mi sombra

solo sea una ferrosa cruz

en el campo santo

de los cipreses inclinados,

y mi voz haya partido

al valle del silencio,

y mis abrazos y mis besos

solo sean un retrato

lacio y desdibujado.

 

Recuérdame cuando lo cotidiano

sea un extraño diferente

a lo que habías planeado

aquella tarde de verano

cogidos de la mano

donde nos confesábamos

nuestros miedos

y nuestros consuelos.

 

Recuérdame en el olvido

de ese momento de lamentos,

en la sonrisa de ese instante

que se pasea en la memoria,

quizás recordar

mis tristezas y mis alegrías

para que solo sea

el retrato de un olvido.

 

Pippo Bunorrotri.

 

 

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