SILENCIOSO DESIERTO ES LA CULPA

¡Oh!, silencioso desierto

donde el viento forma dunas

de arenas movedizas de dudas,

deja que hunda mis pies desnudos

en tu cálida arena

donde la culpa se incinera,

con mi alma llena de miseria

y mi corazón desgarrado de dolor

por las voces de los buitres

y las tórtolas quejumbrosas

que vuelan en tu firmamento

sobre mi cabeza perturbada

mientras como mochuelo

me escondo bajo tu arena.

Deja que me siente

en la luna de tu duna,

entretanto los chacales

otean el horizonte

olisqueando mi sangre

de derrota.

Allí sentado pediré

a los vientos fríos de la noche

que no me conviertan

en una ilusión perdida

en el lento letargo del remordimiento

esperando los vientos alisios

que limpien mi vida vacía

y que rieguen de esperanzas

mi sombra, que solo se siente.

Podrá tu Dios, el Sol,

 volver a aquel día

en que mi sombra

era mi dócil compañía,

en el que nos agitábamos

bajo la tibia sonrisa

del silencio

de nuestra felicidad,

donde los fósiles

de nuestros recuerdos

desnudos se bañaban

en las cuencas pantanosas

de la memoria.

 

Pippo Bunorrotri.

 

 

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