TÚ ABUELO

Tú abuelo, te fuiste en el tiempo

en el que la evocación fue olvido

y ahora tu memoria

se yergue ante mi

como augusto Toteen

de un dios pagano.

En la vertical ladera

de mi mundo desconcertado

la mirada se detiene

para ver la silueta dibujada,

ungiéndome con el saber

de hombre mundano.

En tu antaño,

donde la memoria es recuerdo,

plantaste el brote de una semilla

en el huerto de este hombre

que era infante,

para que creciese;

con los rayos del sol,

con la vitalidad del mundo

y las lagrimas de la luna,

para que un día

sus palabras

fuesen consuelo.

Has sido Rey sin reino,

sirviente sin Señor,

labrador sin Campo,

pero… tu sombra,

cansada y quebrada,

fue refugio de aquel infante

que hoy es hombre fatigado

y sus versos son el fruto

del brote de tu semilla

plantada en su huerto.

Las líneas con-céntricas,

que ha habido

en su caminar por la vida;

con sus victorias y derrotas,

con sus pesares y alegrías,

con su soledad y silencio,

son la esencia derramada

de la conquista de tu anhelo…

abuelo…

son la promesa silenciosa

 del infante

cuando te fuiste en el tiempo.

La incertidumbre del miedo,

que durante un tiempo

rondo mi sombra,

hoy es el axioma

de este fuego

que en mi alma

arde crepitante,

deparándome las brasas

que amortiguan el sentir

de los versos de un poeta

que con sus metáforas

hace nidos

en las ramas de la vida.

 

Pippo Bunorrotri.

 

 

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