UNA HISTORIA DE AMOR Y LOCURA

Un melancólico caballero

de triste figura

desde la almenas

de las Torres de Serrano

percibe sobre la ciudad

las sonoras campanas, del Miguelete

“els cinc senys i les seis morlames”

golpeando en la medianoche

arrebatándole la visión

del inquieto sueño

que le acompaña

lamentándose en soledad.

¡Detente!  Memoria

¡Detente!

 Le grita al silencio

con muda voz,

el espectro de su yo.

¡Detente!  Memoria

¡Detente!

Que las campanas anuncian su historia,

deja de castigar

a este abrumado corazón

con la evocación de amores perdidos.

¡Detente!  Memoria

¡Detente!

Deja que ese amor

que creías tuyo

se extravíe

en el viento del olvido.

Mas no puede, ya que

como las campanas anuncian su historia

la memoria del caballero añora

la esperanza de cuando era joven

y el beso de una doncella

que la pasión desato

dejando su música en el alma.

Se agita tembloroso

suspirando el olvido

murmurando su nombre,

llenando de languidez

su triste figura

con el sonoro eco.

En cada gong del Micalet

escucha la voz de su espíritu,

su figura es una sombra nocturna

y en esa condenada locura

ve como la daga de sus palabras

atraviesan su corazón

perjurando aquel día

y gritando venganza.

¡Venganza!

Mísera, cruel y ciega.

Esa negra locura

que le hace empuñar

la espada del odio,

que no le lleva a ninguna parte,

si acaso a la locura

de defender un honor

que ha perdido

cuando el amor le abandono.

¡Venganza!

Jamás, no, pues en ella

la justicia es difusa.

 Le susurra la máscara de su yo.

Deja que tu corazón salvaje

se siente en la llanura de tus campos

hasta que el odio comprenda

lo que es el amor.

Si dejare que mi fría alma,

que nunca supo de la ternura

que en mi corazón florecía,

verifique  la hiel de la burla

de este corazón

que sangro por amor

cuando este me abandono.

Y tu razón

que caminas absorto

por el laberinto de los sentimientos,

y que escuchas orgulloso

los susurros de estas palabras

que no agitan la alegría

sino que remueve el dolor

convirtiéndote

en silencioso huésped de él,

porque al corazón

no convences

de que su angustia

no es razón

sino desesperación.

¡Oh! mi querido amigo

vuestra memoria os falla

que ya no recordáis

cuando vuestra enamorada

lagrimas derramaba

cuándo la humillabais

con vuestra libertad

de truhan conquistador.

¡Qué decís!

¡Libertad!

que equivocado estáis

eso no era libertad

era huida

del miedo a enamorarme

y no ser correspondido,

ha ser un despechado.

Triste llore en el silencio de la soledad

por el ciego enamorado

que su amor no veía

y extraviado huía

al encuentro de lo que perdía,

y ahora que el amor de tu enamorada

te han arrebatado

te refugias sin amigos

en la soledad de tus lamentos.

Ahora mi corazón es torturado

y mi alma descontrolada

grita al sueño olvidado

dejando una sonrisa de agonía

murmurando venganza

pues la fría mano de la desdicha

se agita en la mente

perfilando sombras de tragedia.

Deja que la llama

del odio se consuma

y en sus cenizas

encontraras las razones

de un nuevo comienzo,

pero no cometas los mismos errores.

Quías cuando estas se consuman

sea demasiado tarde para comenzar

porque siento el ambiguo y frio

aleteo de la desazón ,

y en mi corazón yace el pánico

y sus sombras se agitan

ante mis indolentes ojos.

¡Oh! Amigo mio

donde antes brillo el amor

siempre queda el perdón.

Tú espíritu insomne

que desde la oscuridad

susurras mi suerte

convocando al silencio del perdón,

tus ojos oscuros,

tua manos pálidas

me señalan el angosto camino

de la soledad.

Pronto ese eco de amargura

olvidara su abatida melancolía,

así que disfruta

de las noches sin sueño.

Pronto el Miguelete se callara

y mis ojos húmedos

cerraran sus ventanas,

y el frió corazón

latirá por otro sueño

de enamorada.

Cuando cesen las campanas

ese lamento tuyo se callara

y en el letargo del amanecer

el dolor se olvida de llorar.

Pippo Bunorrotri

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