AQUEL PASADO CERCANO

Aquel cándido pasado

de ingenua pubertad completa

en la que los juegos

eran murmullos secretos

y las palabras susurros misteriosos,

que en la existencia imaginaria

de aquella inocente vida nuestra,

salíamos a navegar un día soleado

de una estación cualquiera,

entre las sombría callejuelas

de la vieja ciudad,

oculta tras las murallas

resquebrajadas por el tiempo

que una época lejana protegieron

el sigilo de la vieja ciudad;

abra una edad en sus piedras

en que nuestras sombras

perdidas en el tiempo

hablaran de amor, suavemente,

ese amor nuestro de ese tiempo,

con el corazón en la mano

y nuestras almas se abrirán

una frente a otra

entregando los pensamientos.

 

Caminábamos acariciando

con nuestra pisada

los arcaicos adoquines

desgastado por la edad

de su historia y del tiempo,

escuchando el bisbiseo

de las gastadas piedras,

mientras nosotros

imberbes jovenzuelos

intercambiábamos arrumacos

y manoseos indebidos

bajo penumbrosos soportales

impulsados por el deseo.

 

Muestras miradas eran de ensueño

balanceándose en el viento

riéndonos de la esfinge

de unos rostros medrosos,

que parecían juncos

en la laguna de nuestros sueños.

 

Vagamos por las nubes

hablando con el sol

la luna y las estrellas,

preguntándoles

por su nombre de pila.

 

Nos alzábamos a lomos

de una paloma

oteando a las mujeres

y a los hombres,

desde allí arriba,

cono transitaban

y luchaban

en el caótico mundo

que crecía

en su caótico orden,

divisando como un ejercito

de dudas, rencores, amores

propósitos y despropósitos

obstruían sus avenidas

y bulevares,

mientras nosotros

dejábamos

que nuestros sueños

florecieran

en el barbecho

de una nube.

 

Pippo Bunorrotri.

 

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