DIVORCIO

El divorcio cambia

el destino de dos

que navegan en la galerna

del día a día

y en las noches de dolor

que en el preludio

de la décima borrasca

rompen los grilletes

del barco que le une

navegando por el mismo mar,

la confusión los ciega

y el miedo les atenaza.

Tienen miedo los dos.

¿De qué?

Si han decidido

en la tormenta de su vida

navegar por mares separados.

¿Qué es lo que puede pasar?

Empezar de nuevo

con su carta de navegación

cada uno con su decisión.

¿Por qué ese resentimiento?

Hacia lo viejo,

hacia lo pasado.

¿Por qué esa desconfianza?

Hacia lo nuevo

sino sabes lo que te vas a encontrar.

¿Por qué esa nostalgia?

De la gloria pasada

que les ha llevado

a ser dos por separado.

¿Por qué ese rencor, ese odio al otro?

Sin han decidido

ser dos

y no uno.

¿Por qué no mirar el horizonte despejado?

Recordando el pasado en el olvido

construyendo un presente

que recuerdos deje

en el futuro.

¿Por qué ese enojo?

Esa tristeza en la mirada.

esa sonrisa apagada,

esas palabras exacerbadas

esos gestos repudiados.

¿Por qué esa culpa?

Es de uno o de otro

y no de los dos.

Cuando en el divorcio, la culpa,

esa palabra desdibujada

que encierra todo y nada,

donde el día es penumbra

y la noche negra soledad,

es de dos de uno que une

que es uno de dos que separa.

El divorcio cambia

el destino de dos

que arrastra al tres

a tener que navegar

en dos mares separados

olvidándose

de su propio mar.

 

Pippo Bunorrotri.

 

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