EL DESPERTAR

A esa hora imprecisa

en que las tenues luces

del pausado amanecer

aparecen en el sosegado

pasmo de las horas,

la forma del tiempo

se convierte

en la fragancia

de unas sombras

que se enderezan

en los segundos

progresivos.

 

En el sobrio valle

del sueño que se desvanece,

la luz enrojece bocetando

el flemático contorno

de una ciudad que se irrita

ante el pasmado caos

que se asoma,

lento y disperso,

entre calles y avenidas,

entre edificios y sombras,

y el silencio

se resigna

a la hora

en que todo

toma vida.

 

Pippo Bunorrotri.

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