EL LATIDO

Lejos muy lejos

más allá del horizonte

de la tundra de niebla,

donde el abismo del vértigo,

lo absorbe en sus tinieblas,

siento como el latir

de mi corazón enjuto

me convoca con su palpitar

a la tierra de nadie

desde el solio

de su agonía.

 

Dejo mi cuerpo momificado

mirando hacia dentro

contemplando sus heridas

y con lo memoria

de mis pies,

camino lento

hacia ese encuentro,

solemne,

arropado por la luna

que mis pesares guarda.

 

Deambulo con la borrachera

de la confusión

por una senda

que no se a donde da

avanzando en la noche

de los ignorados

por la huella arrogante

del tiempo

donde el día lleva

la pálida señal

de la soledad.

 

Con los ojos de otros

miro la blanquecina colina

donde se ha quemado

el jeroglífico del silencio

como un fantasma del adiós

en el naufragio

de la vida.

 

El zumbido

del lenguaje

de los mudos

asciende dentro de mi

hacia esa morada

donde la es-finge ciega

escribe mi nombre

en la sombra

de un rey herido

que fue hombre

en el sueño despierto

del mundo que sueña.

 

Pippo Bunorrotri.

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