EL MISERERE DEL ABANDONO

En ese triste anochecer

donde la luna se engalana

con los ropajes sombreados

de la nostalgia.

Un enamorado busca

el ¿por qué?

de su nostalgia.

Todo calla a su alrededor,

parece respetar su dolor;

los rumores de la ciudad

se apagan

en el interruptor del tiempo.

El viento, de la tarde durmiente

y las sombras luctuosas del abandono

comienzan a envolver la penumbra

de las farolas que iluminan las calles

de los pasos del ayer, que solo dejan

dolorosos recuerdos en el hoy.

Un silencio de muerte y olvido

cubre con su manto de lana

su alma dolorida;

su silencio, se rompe

con el lejano bramido de un autobús,

el tenebroso murmullo del viento

y el eco, distante,

de la campana de la catedral

traído en las ondas del viento.

Confuso y sordo,

mudo y silencioso,

u murmullo lejano

se alza en su espíritu,

como un himno religioso;

grave, solemne y magnifico…

el miserere del abandono

en el olvido.

La purpurada venganza

envejece su frente

y en sus ojos brilla

una lagrima de despecho.

En el cabildo, de su tristeza,

donde la venganza medita,

ve como la diosa del deseo,

conocedora del halago y el aplauso,

se imagina el día

en que su amor…

que le ha abandonado,

recibirá como castigo,

de su frialdad,

el conocerá la vindicta

en su rostro pálido, la ingratitud

y en su corazón roto, el despecho

del amor abandonado.

 

Pippo Bunorrotri.

 

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