EL PESAR DEL POETA

Hay pensamientos que vagan confusos

en la pesada niebla del valle de la conciencia,

sin forma definida, sin rostro perfilado,

ni color que ensombrezca,

que el cedazo del poeta

las impurezas criba en su mente

buscando la “verdad” en su poema

que promueve una “ficción”

con lo que expresa,

creando una metáfora

que desata evidencias

 en las sombras escondidas.

Hay ideas que vagan confusas

como espectros sin rumbo,

como zombis desaliñados

hijos de la quimera,

que desde la lejanía

de ese universo deshabitado

nos gritan al pasar

y huyen en el eco de su grito;

nos brindan ilusión

y se desvanecen

en el suspiro del aliento.

Hay momentos en que el alma

se desborda, como un río desbocado,

que sus orillas puedan contener

el agua cristalina, que arrastra

el murmullo de su pesar;

inquietos instantes

en que flotan los recuerdos

que hieren el alma

y con ellos la memoria

donde navega

la imaginación.

El espíritu salta del cuerpo,

esa materia viva donde habita,

y huye como alma en pena

del vacío de la nada,

adentrándose sin miedo

en las parábolas de la luz

donde los lejanos horizontes

exponen las palabras

del sentir agitado

de un mundo acrisolado.

Ese segundo donde la mente

no se haya ni en la tierra,

ni en el cielo, ni en el mar;

sino que recorre

ese espacio sin límites…

ese espacio sin vallas,

ni alambradas,

ni puertas, ni ventanas,

ni largo, ni ancho,

ni profundidad.

Ese espacio sin límites,

océano de concupiscencia

sin definición

en el que el poeta se zambulle

buceando hasta esa oquedad

donde habita la pasión,

encontrando las estrofas del sentir

refrescando sus labios

con la fruta carnosa de las palabras

que construyen los versos

de la verdad de su poema

que es ficción.

 

Pippo Bunorrotri.

 

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