EN EL AMANECER SOLITARIO

En el amanecer solitario

de la muerte, te sientas

en la arena del tiempo

de ese océano sin agua

y escuchas, en el sosiego,

como el mar se enfurece

abriéndose la boca de sus olas,

mostrándote el crudo abismo

donde tu sombra se adentra,

sorprendiéndose de la cobardía

de las incautas criaturas

que te susurran tu vida,

convirtiéndote,

en ese espectro vulnerable

que vaga como anacoreta;

en un pasado,

en un presente,

en un futuro,

azaroso.

 

Solo en los brumosos

paramos desolados,

de recuerdos de otros

tú figura a un asoma

de cuando en vez

para dejar esa sonrisa cortada tuya,

antes de precipitarse de nuevo

al abismo donde no hay susurros

y la voz baja se confunde

con silencio y recuerdo.

En el amanecer solitario

de la muerte, el sueño,

su sonrisa olvida,

la esperanza se muere,

el recuerdo olvida que ha pasado

y la tristeza de vivir regresa

a la hora de los sueños.

 

En el amanecer solitario

de la muerte, fluye

la salvaje música,

de todas partes,

esa que lleva

sollozos,

suspiros

y llantos,

que no es más que

una música

sin melodía,

que al escucharla

te infunde

un repentino deseo

de gritar al  albedrío

que la vida tiene

ese sentido perdido

que pertenece al olvido.

 

Pippo Bunorrotri.

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