ESCRITA

Entre los poemas de Machado,

en la estantería de mi biblioteca

de los poetas recordados

que ilustran las lecturas

de los minutos encerrados

de la alegoría de la vida.

Unas hojas envejecidas y estriadas

por el tiempo del olvido,

con su letra negra cursiva

inclinada y cuidada,

cuenta las confidencias

de miedos, temores

y reproches concebidos

en la soledad del silencio,

a sí mismo,

de una vida vivida

en el recelo

del que dirán…

Sus palabras son sinceras

y reales,

como los miedos

que sus días atenazaron

refugiándose en el disimulo,

viajando desde el pasado

de palabras mudas

en estas hojas pálidas

son sus sentimientos tatuados,

hasta el hoy

de estos versos olvidados.

Es la carta de un amigo

querido y recordado,

que en el devaneo

de sus últimos días,

de subirse al tren sin destino,

me dejo como legado

de una amistad

cultivada en el deseo,

en el dolor del silencio

donde anida el arrepentimiento

que perdón obtenga…

Una carta perdida

entre los poemas de Machado,

esos que sus penas contaban

ocultando su tristeza,

escrita con el rastro de su mano

expresando lo que la voz callo,

lo que ocultaron

las mudas palabras

de su silencio.

Una carta de mi querido amigo,

que peregrina en el recuerdo,

que me ha escrito esas paginas

con su caligrafía acostumbrada

inclinada hacia adelante

para que el viento se deslizase

sobre su costado perfilado,

adentrándose en mi memoria

como una sombra,

mostrándome esa herida

que no tubo voz,

pero si palabras escondidas

que a su conciencia castigaba,

porque el destino camina

intentado doblegar el dolor

que cambia la vida…

Pienso si el dolor

no es el culpable

de esa amistad cultivada

en la soledad del silencio,

desde la niñez, pasando

por todas las etapas de la vida

donde hubo instantes para la evocación,

y que ahora que tu dolor

se ha consumido en las llamas del adiós

sus cenizas vuelve a mi

para quedarse en mi memoria

de lo que fue un sueño

que nunca tubo

ni principio ni fin

por sus miedos y temores.

Pero yo sigo aquí

recordándote por lo que fuiste,

un amigo al que mis secretos confiaba,

al que las penas confesaba

y siempre estaba ahí

con los brazos abiertos

para curar mis heridas,

para alabar mis aciertos

criticar mis errores con acierto,

para escuchar mi desconsuelo

sin reproches ni ira,

para dar consejos

sin pedir nada a cambio.

Ahora que camino,

en esa edad donde retroceder

 no es una opción

y mirar atrás es un consuelo,

por las calles de una ciudad

que ya es vieja

y sus esquinas cuentan leyendas,

yo te digo amigo

que siempre estaré contigo,

que siempre estarás conmigo

en el recuerdo de la memoria.

 

Pippo Bunorrotri.

 

4 Comments
  • marta catala
    Posted at 08:10h, 30 enero

    Chulísima, Pippo. Ojo con *tuvo.

    • admin
      Posted at 17:34h, 30 enero

      Gracias por tu tiempo de lectura…”tuvo” es del verbo tener…Un saludo

      • marta catala
        Posted at 17:36h, 30 enero

        De nada, me encanta lo que haces

        • admin
          Posted at 17:44h, 30 enero

          Muchas gracias por tus palabras que son un revulsivo para seguir escribiendo. Un abrazo

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