ESTA SOCIEDAD NUESTRA.

Esta sociedad nuestra;

donde el indigente pena,

donde el niño sueña,

donde el joven grita,

donde el maduro aguanta y revienta,

donde el noble se mofa a escondidas,

donde el político pasa sin pena ni gloria.

Esta sociedad nuestra

que construye

un mundo de egos.

Esta sociedad nuestra

que al poeta

de la pena.

Esta sociedad nuestra

donde…

Tú indigente, que con pasos lentos caminas

por las calles de esa ciudad

en la que un día

tus sueños trajiste

y en ella los perdiste,

te acercas al abismo de la vida

que te ha dado de lado,

sin saber el porqué de esa desdicha,

que en el rigor del invierno,

en las noches de dudas perpetuas

le confiesas al cajero

del portal que te cobija

el sueño que te ha abandonado.

Vosotros niños, que en el crepúsculo del alba

voláis como jilgueros

vestidos con vuestra túnica de inocencia

sobre esa ciudad

que sueños os regala,

mirando al indigente con temor,

preguntándoos porque pide, porque huele,

porque no corre tras el deseo de su sueño,

porque no llora, ni ríe, ni sonríe;

porque se resigna

a vivir una vida

que no le corresponde,

y que el destino le ha dibujado

dejando un rastro de lagrimas y sangre.

Tú joven, que corres por la vida,

como gacela sin alma,

gritando que el mundo es tuyo

sin haberlo conquistado,

creyendo que las horas no pasan

y los días se detiene ante tú mirada,

con tu egoísmo desmedido

donde la razón es tuya, y no compartida,

donde discutes y no dialogas

adentrándote en el claustro

mudo y desierto de la intolerancia,

vagando entre las abandonadas tumbas

de los que antes fueron jóvenes rebeldes

de causas perdidas

y ahora sus historias moribundas

cuentan lo que aprendieron de sus errores.

Tú hombre y mujer maduros,

de traje, mono y titulo enmarcado

en la orla de unas palabras

que te definen ante el mundo,

que el tiempo de tu juventud

indisciplinada has olvidado,

que cada mañana…

cuando el alba dibuja su cielo

sales al campo de tu destino

a sembrar tu semilla de ilusión

con la esperanza

 de verla un día crecer

sintiendo la nostalgia de un niño,

la desinhibición de un joven,

la arrogancia de un señor

y la pena de un indigente.

Tú noble señor,

de traje, corbata, gemelos

y Don de considerado,

que tu apreciada nobleza

has conseguido con esfuerzo de otros

y engaño de todos,

que miras al mundo

desde ese púlpito de barro

donde escondes tus miserias,

criticando a los jóvenes por su descaro,

a los curran-tes anónimos

les das las migajas de tu polvo

para que sigan soñando

y a los indigentes no les miras

porque son las sombras

de tu falsedad.

Tú político, encantador de engaños,

señor de mentiras desgranadas

y verdades disfrazadas,

mercader de las palabras

que el viento se lleva

en su soplido,

vendedor de sueños resquebrajados,

notario de promesas incumplidas,

que a la sociedad que gobiernas

les das el reflejo de una esperanza

que nunca llega,

porque te entretiene

con el papel de regalo

en que has de envolver

la razón de esa verdad

que esconden las palabras

de la mentira que ofreces.

 

Pippo Bunorrotri.

 

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