LA CIUDAD QUE AME (La Coruña)

Han pasado años troquelados

en las efemérides de mi vida

en ellas crónicas se han escrito

y mi pequeño fantasma silencioso

ha salido a pasear por la senda

de la memoria, llevándome

 a esa ciudad manceba

de mi recién estrenada andadura

por los añosos lugares

de una semblanza desconocida,

y esa ciudad… fue la primera,

quizás, la más querida,

colgada sobre acantilados,

con un faro que destella

y un mar espumoso

que sus pies besa.

 

En aquella época

en que la tolerancia

empezaba a caminar,

lo mismo que mi semblanza,

sin la mirada déspota

del tirano que gobernó

y con unos ciudadanos

que pedían perdón

y unos políticos

que buscaban

arrepentimiento

por los pecados

de quien gobernó.

 

Tú! Ciudad de rancia crónica

me mostraste la destemplanza

de una sociedad ilusionada,

la leve brisa de tu mar

magreo mi rostro

el primer atardecer

contemplando

un horizonte caliginoso,

despertándome del sueño

de un mozuelo de provincias

atosigado por sus temores.

 

Me diste la fina lluvia

de aquellos amaneceres otoñales

que lavaban mi rostro

de casto engreído,

la distancia del desasosiego

aquietaste en los anocheceres

de amargo café y orujo quemado

implorando meigas en el fuego,

a cualquier hora,

de las tardes alargadas

en tascas de penumbrosas callejuelas,

donde lo cotidiano, era deserción…

era un verso suelto

para un poeta indiferente.

 

Siempre me acordare

del cielo ensombrecido

donde sus nubes

jugaban a ser agoreras

de un día de paraguas

y gabardina.

 

Me acordare del ruido

de la troquela-dora del periódico

que escribía las crónicas del día,

acompasando mi sueño

de cháchara y borrachera,

de horas de estudio

donde la fantasía

solo era una recurrencia.

 

Tu nombre, es imán de imágenes

que acuden a mi reparo

con el beneplácito

de una memoria alegre…,

las turbias y vanas

acuden timoratas

y vergonzosas,

pues muestran

lo vulgar de una época

donde nos deslumbrábamos

con recelo, y donde

libertad era descubrimiento.

 

Recuerdo tus calles

atribuladas y feudales

compartiendo mis pasos,

las esquinas de mis soledades,

los soportales de mis besos,

las callejas de mis silencios

después de amar

la pasión de un deseo…

guardo lo triste y lo alegre

en la misma mochila

donde llevo esta vida

que escribe la biografía

de mi pequeño

fantasma misterioso.

 

Pippo Bunorrotri.

 

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