LA MUERTE

Tú trance del dilema final

no me mires con esa mirada

de apáticos ojos negros,

no me ofrezcas el silencio

como desenlace

de una vida gastada

en la indulgencia del amor.

 

Déjame gritar con la afonía

de un recién nacido

por última vez

antes de iniciar

el periodo más fácil

de la odisea más difícil

pues lo hare sin barreras

ni mochila, ni limites.

 

 

Déjame caminar siendo libre

como cuando nací,

dejando el dolor

en la silla de mis sueños.

 

Deja que mis lagrimas

recorran los surcos

de mi rostro indefenso

plenamente rendido

ante el último suspiro

de mi alma desgarrada.

 

Pippo Bunorrotri.

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