LA TRISTEZA DE UN DÍA

En la tristeza de un día navegue

cuando se apago el desconsuelo

sin esperar a la luna ni a las estrellas

que iluminan la oscuridad.

 

Visite a la muerte

dejando mi loco juicio

en una nube blanca

que flotaba en la vaguedad

de mi memoria.

 

Caminando en ese trance

fui dejando partes de mi vida

en ese camino de agonía

para recoger mi regreso

del fondo de esa oscuridad

a la que llegue vació

y sin ofrendas que ofrecer.

 

Solo la tristeza de ese día,

que se había cansado

de empujar el tiempo.

 

Del viaje de ese día regrese

y el viento olvidadizo,

algunas partes de mi vida

se las llevo envueltas en su regazo

sin saber si algún día

otro viento las traerá

del elíseo de los recuerdos.

 

Desde ese día,

de ida y regreso

en el transito

de una tristeza

vivo la vida

robando tiempo

a la muerte que acecha.

 

En este mundo interior mio

que escribe los pensamientos

que resuenan en el sentir,

porque he caminado tanto

por las ásperas veredas

de esta vida mía

sin importarme

el tiempo y el sentir.

 

La vida y la muerte

se someten

al poder del tiempo

porque;

tiempo, vida y muerte

forman parte de la eternidad

de ese horizonte

sin línea.

 

Ahora en los días de tristeza,

que se apagan cuando la luna llega

y las estrellas se encienden;

dejo caer la pesadez de los parpados

envolviéndome en el capullo

de mis pensamientos

descubriendo la lisonja,

la doblez, la hipocresía

del mundo que me rodea.

 

Es posible

que en el amanecer

de un nuevo mañana

me despierte

sin tristezas,

y con el susto

de mis interminables

pesadillas.

 

Pippo Bunorrotri.

 

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