MUERE EL ANIMO, VIVE EL RECELO

Muere el radiante sol

entre colinas y valles

y la descolorida noche,

alocada corre entre las estrellas

luciérnagas en la oscuridad,

que sus pasos se apresuran

sobre el manto azul

de un edén sofocado

que lentamente

quejoso se retira

entre los barcos

de un puerto asustado

que chillan balanceando,

su definida estampa

en ese mar

que besa el horizonte,

mientras en ese espejo

donde se refleja,

la presura de la vida

y la extinguida muerte

con las sinfonías del canto

de un ruiseñor

que construye ceremonias

que se prolongan

en esa vida vieja

que se abre

a las ultimas sensaciones

que dibujan recuerdos.

 

Pippo Bunorrotri.

 

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