SOMBRAS ENLAZADAS

Esa noche de perfumes

que su aroma recobra sensaciones

y recuerdos soñados;

noche de murmullos silbados,

de susurros entrecortados,

de palabras balbuceadas

y de música que juega

a la comba con las estrellas.

Esa noche que arde

en la húmeda y noctívaga umbría

donde las miradas luciérnagas

lentamente se ciñen en abrazos

de la amargura, que camina en la luna

recorriendo mi sombra,

perfilando la suya, fina y lánguida

de dos líneas que se juntan para ser una.

Solo una sombra vuela

en esa noche alargada

donde agonizan las agonías

de una muerte esperada,

que separa en el tiempo,

de ese instante del adiós,

el espíritu errante

de las infinitas amarguras,

que solo y mudo

por la senda camina

de una luna pálida

donde el eco de la palabra

es un eco lejano…

sintiendo frío.

Ese frío que siente en su alcoba,

en su rostro pálido,

en sus manos desnudas

entre las sabanas mortuorias;

es el frío de la tumba vacía,

el frío de la muerte,

el frío de la nada

y del vacío…

Y esa sombra, que antes eran dos

y ahora solo es una vagabunda

que peregrina por la estepa solitaria;

esbelta, ágil, fina y lánguida,

en la tibia noche de la muerte,

llevándose los aromas de los días,

los murmullos, los susurros, las palabras,

la música y los sueños recordados

de dos sombras enlazadas en el tiempo

dejando sus lagrimas

en la negrura de las noches

que vendrán buscando,

esa sombra perdida

que solo era mía.

 

Pippo Bunorrotri.

 

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