TODOS SOMOS IGUALES

Todos somos iguales,

dice el asesino

condenado a cadena perpetua

por matar a la mujer

que dijo “No” con gritos desgarrados

 a sus pretensiones de machista engreído,

que cree en su vanidad

que por llevar verga

o divino falo colgando

ya tiene vara de mando.

Todos somos iguales,

dice el corrupto adulador

siendo condenado, por llevarse

lo que no había ganado,

siendo él un vanidoso egoísta

que su soberbia compro

con el dinero de sus vecinos

y su honor vendió en el mercado

por veinte céntimos que le sobraban

de su pasado honorable respetado.

Todos somos iguales,

dice el ladrón condenado

por llevarse lo de otro

que con sudor y sangre logro

para que formase parte

del recuerdo de su pasado

y para mostrar que con deseo y tesón

todo se consigue

sin tener que vender

su honor y orgullo.

El asesino, el corrupto, el ladrón

se empeñan en vivir el día a día

como si fuese el ultimo,

porque son cobardes

para enfrentarse al destino del día

como si fuese el primero,

y que después de ese primero viene

 el segundo, el tercero, el cuarto,

que siempre tiene un amanecer

que es el primero,

sin darse cuenta

que se convierten en feriantes

de su propio mercado

siendo los últimos y apestados

del teatro de la vida.

Todos somos iguales

y en esa simetría

está la diferencia

del orgullo,

de la vanidad,

del egoísmo

del honor,

de ser hombre o mujer

que son iguales y opuestos

con sus diferencias

encontrándose en la equidad

que los complementan.

 

Pippo Bunorrotri.

 

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