ESAS MUJERES

Esas mujeres

aristócratas del estar

que su rostro dibuja

el sufrimiento dolido

de su alma rota.

 

Esas mujeres

cortesanas del día

que en sus ojos corre

la velada melancolía

que con destreza esconde

en el sollozo mudo

de una lagrima.

 

Esas mujeres

señoras del silencio

que en el inmediato

suspiro del lamento

de su alma castigada

siente la inclusión

del dolor de su pena.

 

Esas mujeres

dama de su clamor bizarro

que sin convicción

sonríen al mundo

que les mira de soslayo

prejuzgando el instante

de un engaño

disfrazado de la realidad

de una mentira

que juega a ser verdad.

 

Esas mujeres

apocadas ante el oscuro día

de carencias y miserias

que lloran con motivo

acurrucadas

en el silencio

del griterío

del mundo.

 

Esas mujeres

doncella, consorte y desposada,

condenadas y presas

del dolor de vivir,

que su existencia

se escurre entre las manos,

odiando el silencio

y aislamiento buscado

viviendo en la niebla

de su soledad.

 

Esas palabras que dicen.

Esos oídos que entienden.

 

Palabras y oídos

que juzgan sin saber

lo que las mujeres,

damas, doncellas y chicas

sienten.

 

Esas mujeres

solo tienen el deseo

de abandonar

la oscuridad

de sus días

para volver

a la vida

de su existencia.

 

Todas esas señoras

de las dudas

y los desconsuelos

son esas mujeres

que conocen días oscuros,

noches trémulas,

en el temblor

de las sombras

y amaneceres soleados

que se alargan

en el enigma

del miedo del alma.

 

Pippo Bunorrotri.

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